Entre los once y catorce meses el bebé conseguirá ponerse de pie. Primero lo hará con ayuda de objetos que le aporten estabilidad, aquella que aún no tiene. Y, como ocurría al inicio del gateo, aunque haya aprendido a ponerse de pie las primeras semanas preferirá desplazarse gateando hasta que se sienta más seguro en la nueva posición.
Esta es una fase en la que terminan de formarse las curvas de la columna, pero también es importante para desarrollar su equilibrio sobre una base de sustentación cada vez más pequeña (sobre sus dos pies). Camina primero agarrándose a sillas y muebles, avanzando lateralmente; poco a poco va soltándose, pero camina con las piernas muy separadas, como yendo de lado a lado. A medida va sintiendo más seguridad y confianza en el apoyo de sus pies y su equilibrio, cerrará su base de sustentación, es decir, caminará con los pies más juntos.

 

primeros pasos bebe

El bebé ensayará diferentes formas desde la que ponerse de pie y equilibrarse
El pie, con todos los receptores de presión y de posición que contiene, así como la región superior del cuello, los ojos y el sistema vestibular, han de empezar a “conectarse” y “coordinarse” para esta nueva habilidad. En la búsqueda de estabilidad, el bebé experimentará con muchos movimientos intermedios (Figura 1). Por ejemplo, se pondrá de cuclillas y de pie muchas veces, lo que le ayudará a coordinar y desarrollar la musculatura de sus piernas y tronco, hasta conseguir más equilibrio. Probará a ponerse en pie desde diferentes posiciones, explorando con cuál se siente más confiado o con cuál consigue llegar donde se ha propuesto. Experimentará con cómo encontrar la estabilidad para pasar de una a otra. En todas estas situaciones, la movilidad del tobillo es esencial, y esta articulación también irá encontrando poco a poco la manera de coordinarse con el resto de las regiones corporales en esta nueva situación.
Suelen reunirse las experiencias suficientes para estabilizar la pelvis después de dos meses de haber conseguido la vertical. De esta forma, alrededor de los 15 meses el bebé ya puede andar erguido más o menos estable. Como señalamos, los ojos, las diferentes estructuras del cuello, el vestíbulo (órgano del equilibrio situado en el oído) y los tobillos, desempeñan un papel esencial en la adquisición de la postura favoreciendo la coordinación entre pies, pelvis, la cabeza y el tronco.

Como padres debemos conceder al pequeño un espacio donde pueda desplazarse en las diferentes formas por las que opte sin peligros, con una base estable, con superficies y objetos firmes sobre los que pisar. No deberemos limitar la movilidad de sus pies o sus tobillos, con un calzado rígido. Por el contrario, el extremo opuesto tampoco será recomendable, es decir un calzado con una suela muy blanda o con una forma curvada que se haga ser más inestable.
Desde que el bebé comience a experimentar con todo su cuerpo con tan solo sus dos pies en el suelo, hasta que camina con seguridad es necesario que tengamos al bebe descalzo o con unos calcetines más o menos gruesos según la época del año o prenda similar. Permitir al bebé caminar descalzo estimula la musculatura intrínseca de los pies, y hace que pueda experimentar toda la movilidad de los dedos, del medio-pie y el tobillo. Obviamente, hay que asegurarse de que no haya nada en el suelo que pueda dañarlos y asegurarse de que el área esté limpia. Una vez que el bebé sale fuera del hogar, y camine la protección que le dan unos zapatos, puede ser necesaria, según los entornos. Y es aquí cuando nos surgen diferentes cuestiones: ¿le compro unas botas o unos zapatos? ¿es necesario que le “sujete” el pie y…. dónde? ¿se los compro un poco más grandes, por lo que crezca…?

En general el primer zapato del bebé debe reunir las siguientes características:
    •    Flexibilidad, y todo lo que le haga ser más móvil a los materiales con las que está construido y diseñado, como las ranuras de flexión en la suela o las punteras redondeadas. Que pueda retorcerse fácilmente con las manos.
    •    Ligereza.
    •    Suela antideslizante.
    •    No necesitamos estimular su capacidad de caminar “proporcionando la estabilidad necesaria” externamente con un zapato o una bota. El niño caminará cuando se sienta lo suficientemente estable y organizado para hacerlo.
    •    Suficiente espacio para los dedos en la región anterior; de la talla adecuada.
    •    Que no provoque rozaduras. Ni muy apretado ni muy flojo.
    •    Si aún gatea, la hendidura en “U” en el talón, importante para el confort de la región del tendón de Aquiles pues le permitirá hacer una cómoda flexión del tobillo.
    •    Que sea de un material que transpire. En este sentido, el cuero natural no se deforma y presta un ajuste perfecto, además de hacer que los pies transpiren menos.
    •    En cuanto a los calcetines, deben adaptarse bien, mejor sin costuras. Demasiado apretados serán restrictivos y demasiado flojos podrían también causar problemas. Los pies de los niños son muy flexibles y no demasiado sensibles por lo que a menudo no se quejan de las zonas de presión o fricción. Por tanto, es importante comprobar sus pies regularmente (por ejemplo, a la hora del baño).
    •    Es interesante que el zapato sea fácil de poner y quitar.
    •    Que no tenga regiones punzantes con los que los niños puedan hacerse daño al manipularlos.